Masaya es una tranquila ciudad nicaragüense famosa por su volcán, uno de los más activos del país. La última erupción fue el 30 de abril de 2012 y afortunadamente fue anterior al horario de apertura del parque por lo que no hubo que lamentar ningún herido.
Es ahí donde radica parte del encanto del Masaya, que pueda entrar en erupción sin previo aviso y sorprender a más de uno durante la visita… emocionante ¿no? Seguramente muchos gobiernos no permitirían la entrada de turistas a un volcán de semejante actividad, pero en Nicaragua es posible. Aventureros, sean bienvenidos…
Para echarle un poco más de morbo al asunto, en este lugar se oficiaron sacrificios humanos y exorcismos católicos, en parte gracias a Bobadilla, un cura que plantó una cruz en medio de los cerros y culpable de la satánica fama del lugar, al que se le llegó a llamar las puertas del infierno.

Vistas de cerca y de lejos del cráter Santiago. En lo alto del cerro se puede apreciar la cruz de Bobadilla.
Dicho esto y aunque se debe firmar un papel aceptando las normativas del volcán, la visita no parece que entrañe mucho peligro, salvo el de erupción repentina. Evidentemente el parque no se hace responsable de ningún tipo de daño sufrido durante la visita –para eso la firma- y la desaconseja a personas con enfermedades respiratorias o cardíacas.
Después de los últimos incidentes se han cerrado las zonas consideradas de mayor peligrosidad sísmica volcánica como el Mirador Cruz de Bobadilla, el Mirador II y el Balcón del Eco. Con estos puntos cerrados al público, la mayor atracción de la visita (que no es poca) consiste en caminar alrededor del volcán Masaya y ver de cerca al vecino cráter Santiago, el único de los dos que está activo. ¡Disfruten de la aventura y no se quiten el casco!


