Elaboración de panela en un trapiche colombiano

Continuando con el #BlogTripVilleta, hoy voy a hablar sobre el proceso de elaboración de la panela. Después de la visita a Chitavindá nos trasladamos a una finca cercana en la que estaban elaborando este endulzante y donde pudimos presenciar de primera mano todo el proceso.

Primero voy a explicar lo que es la panela, para aclarar posibles dudas al respecto. La panela proviene del azúcar sin refinar que se obtiene de la miel de la caña de azúcar, a la que normalmente se le da una forma rectangular o circular al final del proceso. En su elaboración no se refina ni se utiliza procedimiento químico alguno, por lo que es muy rica en nutrientes. De ella obtenemos un interesante aporte de vitamina A, B, C, D y E y minerales como el fósforo, potasio, calcio y hierro. Su aporte calórico es de unas 350 calorias por cada 100 gramos, conteniendo 5 veces más minerales que el azúcar moreno y 50 más que el blanco.


Dicho esto, Colombia es uno de los mayores productores y consumidores de panela del mundo junto a India. La producción de este dulce es la principal fuente de ingresos de muchas familias colombianas y es también uno de los cultivos más importantes del país junto con el café, el arroz, el plátano o el maíz. Dentro de todo este mundo de la producción panelera existen diversas variedades de caña de azúcar que aportan características propias. La MY 5465 cubana, la RD 7511 de R. Dominicana o la POJ 2878 introducida en Colombia en 1929 son solo algunas de ellas.

Las semillas seleccionadas para el cultivo deben provenir de plantas robustas y libres de plagas, cañas de entre 6 y 8 meses de edad y de la misma variedad. En cuanto a la siembra, la manera más eficaz suele ser el chorrillo, una práctica en la que se sitúan pequeñas partes de la caña de azúcar sobre la tierra en posición horizontal y en la que según la disposición de la vara de caña puede ser doble (dos cañas en paralelo), media (superpuestas) o sencilla (una caña tras otra).

pequeña vara de caña dispuesta en chorrillo

La cosecha de la caña suele realizarse una vez al año mediante uno de los siguientes sistemas: En el primero se cosecha toda la caña cultivada, mientras que en el segundo -que es también el más utilizado- se cosechan únicamente las cañas maduras que estén listas para el consumo. A este último se le llama entresacado.


La producción artesanal de este producto está compuesta por una línea de trabajo en cadena en la que en poco más de media hora se obtiene el producto final. Todo empieza en el trapiche, la máquina que prensa la caña de azúcar a manos del trapichero. Es ahí cuando los largos bastones de caña son introducidos en la máquina para ser molidos. Es importante que la caña no supere los cinco días tras el corte, ya que sus azúcares se invierten, dando lugar a una panela blanda y de peor calidad. Ya extraído el jugo, éste pasa por un proceso de limpieza a través de la pailas, que con el calor de los hornos elevan la temperatura de los jugos molidos de la caña.

horno del trapiche, alimentado con las sobras de la caña de azúcar

A medida que el líquido comienza su proceso de depuración comienza a soltar la cachaza (espuma verde sobrante que suelen servir de alimento para los animales), también comienza a convertirse en una especie de miel batida. Es el momento de oxigenar la mezcla para mejorar su color por medio de enormes cucharones.

proceso explicado a grandes rasgos

Cuando la panela está en su punto, el guarapo o líquido extraído de la caña toma el llamado punto de papelón. Solo falta esperar a que baje un poco la temperatura del melado, mientras se remueve para que tome buena textura. A continuación es vertida en las gaveras de moldeo, enormes rejillas hechas de madera de jagua que dan esa forma tan característica al producto. Por lo que nos contó nuestro guía en Chitavindá, la jagua es la mejor madera para el moldeo por su calidad y textura y porque no absorbe los jugos templados de la panela.


Por último solo queda envasar el producto en cajas para su posterior venta y consumo. Curiosamente, la panela es un producto higroscópico por lo que los empacadores deben tener cuidado con la cantidad de humedad que pueda absorber el producto durante la manufacturación. El mejor material para el embalaje es el cartón, que cumple a la perfección su función aislante del ambiente.


En cuanto a su distribución y precio, depende mucho del mercado y del precio impuesto por los intermediarios. Cada caja de panela de esta fábrica contiene 40 panelas de una libra cada una. En estos momentos su precio puede rondar los 120.000  a 160.000 COP. La panela se vende por cargas de 200 panelas o libras, o lo que es lo mismo, 5 cajas. El método de compra-venta más arraigado es la inspección, en la que el comprador comprueba la calidad de algunas de las cajas escogidas al azar. Por lo que cuentan suele darse un proceso de regateo bastante intenso.


La producción anual en Villeta ronda las 200.000 cargas, predominando en más de un 90% la producción de panela cuadrada entre los pequeños productores. Lógicamente su precio está sujeto a variables económicas externas, al precio del combustible, del azúcar, etc.

Espero que después de este post hayáis aprendido un poco más sobre la elaboración de la panela en Colombia y lo importante que es tanto para la economía del país como culturalmente. Para terminar quiero agradecer a los hoteles Villeta Resort y Villeta Boutique su invitación al blogtrip, sin vosotros este artículo no habría sido posible :)

Villeta, finca Montes de Chitavindá

Villeta es una próspera localidad a unos 80 km. de Bogotá, famosa por su enorme producción de panela, un endulzante natural elaborado con el jugo de la caña de azúcar. Hace unos días tuve el placer de ser uno de los bloggers que participó en el #BlogTripVilleta organizado por el Villeta Resort y el Villeta Boutique y tuve la oportunidad de hacer varios recorridos interesantes.

En nuestra primera parada visitamos la Finca Montes de Chitavindá, un enorme remanso de paz a escasos kilómetros del centro de la ciudad y al que accedimos a través de un tortuoso y empedrado camino a bordo de un jeep Willys.


Chitavindá significa en lengua indígena algo así como “unión o confluencia”, algo que han conseguido a la perfección estos 13 hermanos con su proyecto agroturístico que vió la luz hace unos tres años. 25 hectáreas de terreno que en su día estuvieron dedicadas a la avicultura y a la elaboración de panela y que hoy día sirven como lugar de descanso y caminatas y el disfrute de unas instalaciones equipadas con piscina, campo de fútbol, juegos de mesa y canchas de tejo.

Dentro de Chitavindá podemos hacer tres tipos de paseos o caminatas, cada una de mayor exigencia para el caminante. Nosotros hicimos la de nivel medio, de unos dos o tres kilómetros de recorrido. Durante el camino atravesamos bosques de arazá o guayaba amazónica, madre de agua, palma de iraca, hermosas heliconias y enormes cultivos de caña panelera.



Coronamos el ventoso y refrescante Alto de los Vientos y terminamos visitando de cerca un trapiche panelero de elaboración 100% orgánica. Como el trapiche no estaba operativo el día de nuestra visita, nos trasladamos a otra finca cercana a presenciar el proceso, historia que contaré detalladamente en el próximo post.

Vista desde el Alto de los Vientos

Montes de Chitavindá 
Domingos y festivos de 9 am a 5 pm (resto de días con reserva previa) 
Adultos 6.500 COP 
Niños 4.500 COP (gratis para los menores de 2 años) 
Zona de camping 
311 460 11 79

Hipermar Bogotá

Después de muchas vueltas por varios mercados de la ciudad un amigo me habló de Hipermar, una tienda - restaurante ubicado en la calle 69 con 17 que realmente ha conseguido satisfacer mis necesidades esenciales de pescado y marisco.


Hace bastante tiempo que conozco la sede principal pero últimamente han sorprendido con una completa reforma interna del edificio. Una transformación tanto en el aspecto de la tienda como en el del restaurante que también ha traído bastantes productos nuevos para completar una enorme oferta culinaria. La tienda ofrece una amplia gama de cortes de pescado congelado de muy buena calidad. Merluza, róbalo, salmón, pargo o mahi mahi son solo algunos ejemplos. Para los amantes del marisco (yo entre ellos) en Hipermar también he conseguido encontrar una gran selección a precios razonables. Desde los típicos camarones o langostinos hasta almejas, mejillones, calamar, ostras, langosta, bogavante o pulpo.

Para mi, que he vivido en Asia durante bastante tiempo, lo que más me gusta es que además de tener una buena oferta de productos de mar, también he podido encontrar una gran variedad de noodles, salsas y condimentos que me permiten seguir experimentando con la cocina asiática en mi propia casa. Incluso he encontrado paquetes de vietnamese rolls de muy buena calidad y mucho más baratos que en los supermercados convencionales.


Amantes del sushi y la cocina japonesa en particular van a quedar especialmente encantados ya que esta tienda se especializa en la comercialización de muchos de estos productos, siendo la mejor tienda relación calidad – precio que conozco en Bogotá para comprar algas, arroz para sushi, wasabi, vinagre de arroz y setas shitake, entre otros ingredientes.


Sede Principal: Calle 69 # 17-60 piso 2​ ​ 
Sede Norte:​ C.C. Autopista 184​ Autopista Nte 183A- 86 Lc.30

Según su página web, Hipermar comenzó su andadura en 1993 como proveedor de grandes hoteles y restaurantes. Hoy en día su crecimiento ha sido enorme, convirtiéndose en uno de los grupos de empresas líderes en las captura, distribución y venta de productos de mar y en una gran generador de empleo para el país. Tanto en la sede principal como en la del norte, la tienda cuenta con un servicio de restaurante. Aún no he tenido la suerte de probarlo pero cuando lo haga, os cuento. Mientras, aquí podéis echar un vistazo a su menú.

Templo Mayor, México DF

Bajo la Catedral Metropolitana y en los edificios de los alrededores se descubrió -gracias a unos electricistas que estaban trabajando en la zona- un monolito prehispánico llamado Coyolxauhqui, que hoy forma parte del Museo del Templo Mayor.

Tras el afortunado hallazgo de 1978 y después de varios trabajos y excavaciones, los expertos comenzaron a “atar cabos” de lo que fue el legado Azteca de Tenochtitlan. Demolida por los españoles en 1521, la espectacular capital del imperio mexica o azteca estaba compuesta por un fastuoso conjunto amurallado de más de 70 edificios, coronado por una pirámide de unos 70 metros (altura de las torres de la Catedral Metropolitana) y custodiada en lo alto por dos templos, uno dedicado al dios de la guerra Huitzilopochtli y otro al dios de la lluvia, Tláloc. Desafortunadamente se conserva muy poco de todo esto, aunque si echamos a volar un poco la imaginación podremos hacernos una idea de lo importante y grandiosa que fue esta ciudad en su época.


A medida que avanzamos la visita entre las ruinas nos encontramos con el Patio Norte y el Recinto de los Guerreros del Águila, donde supuestamente se reunía la nobleza mexica para debatir asuntos de guerra. Más adelante, cerca del museo, encontramos el Tzompantli una hilera de cráneos tallados en piedra que recuerdan a la plataforma de cráneos de Chichén Itzá. Durante el recorrido vale la pena leer los testimonios escritos de los conquistadores españoles, dispuestos en carteles en los muros cercanos.


La visita termina en el Museo Mayor, que conserva una amplia e interesante colección de objetos que ilustran de una manera impecable como fue la civilización azteca en su época: sistema político, creencias, agricultura, comercio o sacrificios religiosos entre otros. Para terminar, os recomiendo que os toméis vuestro tiempo antes de salir de la parada de metro Zócalo (cercana al Templo Mayor), tiene una reproducción a escala de Tenochtitlan impresionante.


Los candados de San Ramón Nonato

Visitando la espectacular Catedral de México DF nos encontramos con la historia de San Ramón Nonato, supuesto benefactor de las mujeres embarazadas y protector contra rumores, chismes y demás cotilleos de la vida diaria.

Curiosamente, a este santo español se le considera bienhechor de las embarazadas por su condición de nonato, ya que su propia madre murió en el momento del parto mientras que él se salvó milagrosamente. Además fue un insigne predicador que estuvo confinado por los musulmanes en el norte de África. Cuentan que durante su arresto, los guardias islámicos presos de rabia ante los continuos intentos de Ramón por convertir a esclavos y mahometanos le colocaron un candado que solo le quitaban para comer. Menudo suplicio. Finalmente fue rescatado y devuelto a España siendo canonizado a mediados del S. XVII.

En la Catedral Metropolitana se dedica una misa especial a embarazadas y recién nacidos todos los sábados a las 13 horas y también se le dedica un pequeño altar propio destinado a la protección contra rumores y chismes. Solo hay dejar un candado cerrado entre toda la maraña e introducir la llave en el cercano buzón para escapar de toda murmuración o calumnia que pueda recaer sobre uno mismo.


Lucha Libre Mexicana

La Lucha Libre mexicana es muy popular en gran parte del país. Se originó a finales del siglo XIX como una derivación de la lucha grecorromana en la que predominan las llaves y los grandes saltos acrobáticos.

Lo más curioso de este tipo de lucha es que está rodeada de misticismo, con luchadores convertidos en verdaderos personajes mediáticos que luchan e interpretan a la perfección los roles de superhéroe y supervillano varias noches por semana. A esto hay que sumarle toda la atmósfera que se respira antes de cada combate, donde los vendedores de refrescos, tentempiés y máscaras hacen más grande el negocio.


En esta lucha entre el bien y el mal cargada de teatro, contorsiones y piruetas (algunas bastante arriesgadas) encontramos dos tipos de luchadores: los técnicos y los rudos. Los primeros son luchadores buenos, que respetan y salvaguardan las reglas, mientras que los rudos son tramposos, juegan sucio y curiosamente suelen vestir de negro en los combates.
Entre los luchadores más famosos de México (hay muchísimos) se encuentran El Santo y Mil Máscaras. El primero, además de ser el luchador más importante del país, rodó más de 50 películas, consiguiendo ocultar muy bien su identidad hasta su muerte en 1984. Poco después uno de sus hijos adoptó el rol de “El Hijo del Santo”. El segundo nació en 1942 pero aún sigue en activo tanto en los platós de rodaje como en la arena mexicana.

En el DF hay dos estadios de lucha libre. Arena de México es el de mayor capacidad y se encuentra en Dr. Lavista 197, metro Balderas. Arena Coliseo está en la calle República de Perú 77, cerca del metro Allende. Hay espectáculos tres noches por semana y si andáis con tiempo lo mejor es comprar las entradas con cierta antelación directamente en taquilla, sin reventas ni intermediarios.


Si estáis interesados en comprar alguna máscara, lo mejor es buscarlas en las tiendas de las zonas aledañas al estadio. Encontraréis varios costos, dependiendo de la calidad de los remates y el material con el que estén elaboradas, pero siempre los mejores precios.


Más info en CMLL de Lucha Libre

Chichén Itzá

Nombrada como una de las 7 maravillas del Mundo actual, es una de esas visitas que no debes perderte si viajas a México. Quizás no esté a la altura de otras maravillas como el Taj Majal, Angkor Wat o la Gran Muralla China pero para los amantes del mundo maya este es uno de los complejos de ruinas mejor conservados de todo el mundo.

Chichén Itzá se puede ver perfectamente en un día, aunque hay bastante gente que repite o que vuelve a pagar entrada para disfrutar del espectáculo de luces que se realiza al caer la noche. De todo el conjunto de ruinas, a continuación os detallo lo que me pareció más interesante.

El Castillo o pirámide de Kukulkán. Como ya hablé en el post sobre Tulum, Kukulkán o serpiente emplumada fue una importante deidad maya emparentada con Quetzatcóatl, que provenía de la cultura azteca y tolteca.


Esta pirámide de 25 metros de altura se constituyó como un poderoso símbolo calendárico. Cuatro escalinatas de 91 escalones a las que se suma la plataforma superior para formar 365 escalones, que representan los 365 días del año solar maya. La escalinata principal forma 9 basamentos por ambos lados que componen los 18 meses o uinales, propios del Haab o calendario solar agrícola. A su vez, estos 9 basamentos contienen 26 paneles por ambos lados, lo que nos da la cifra de 52, representando los años del gran ciclo maya que fusionan el calendario Tzolkin (sagrado) y el Haab (civil). Ambos están fusionados en una gran rueda que se repite cada 52 años. Otro de los hechos más llamativos de esta pirámide y por lo que es tan importante para la cultura maya es que durante los equinoccios de primavera y otoño en la escalinata NNE se observan al salir y caer el sol los espectaculares siete triángulos invertidos de luz que representan el cuerpo de una serpiente subiendo o bajando de la misma, una ilusión lumínica que bien podría recordar al mismísimo Kukulkán descendiendo de los cielos para recibir pleitesía.


Muy cerca de allí se encuentra el espectacular Juego de Pelota, el más grande de Mesoamérica y uno de los mejor conservados. Su acústica permite que hablando desde el templo norte se escuche en el templo sur, a unos 150 metros de distacia. Este juego de pelota es solo una muestra de los ocho campos de juego que tenía la ciudad.


Cenote Sagrado. Está dedicado al dios Chaak o dios de la lluvia y en él se realizaron multitud de sacrificios humanos. De unos 60 metros de diámetro y 35 de profundidad, a principios del siglo XX fue drenado por Edward Thompson, que descubrió grandes cantidades de oro y piedras preciosas procedentes de todo México, incluso de países tan lejanos como Colombia. Thompson también extrajo una gran cantidad de restos humanos del cenote.


Plataforma de los Cráneos. Esta plataforma en forma de T está tallada con numerosas calaveras y águilas picoteando en el pecho de varios hombres, como tratando de acceder a su corazón. Antiguamente era donde se exponían las cabezas de las víctimas de sacrificios.


Grupo de Las Mil Columnas. En este sector se encuentra el Templo de los Guerreros, coronado por una de las famosas figuras reclinadas o Chac Mool. Desde allí se puede caminar hacia la Columnata Noreste, donde se encuentran las famosas máscaras del “Dios de nariz grande”.


El Observatorio. Los cálculos astronómicos generados por los mayas eran increíblemente precisos. En el área de observación encontramos 4 ventanas que están orientadas a los puntos cardinales.  A su vez, estas ventanas están alineadas con la aparición de algunas estrellas en momentos concretos del año.


Estos son a grandes rasgos los edificios más importantes a visitar del conjunto de Chichén Itzá, aunque también cabría destacar el Mercado, el edificio de las Monjas y el Akab Dzib, entre otros.
A unos 3 kilómetros del complejo se encuentra el cenote Ik Kil, que forma parte de un Parque Ecoarqueológico y en el que te puedes dar un chapuzón. Otra visita cercana y recomendable es la de las grutas de Balankanché, plagada de estalactitas y en la que se encontraron cientos de tesoros ceremoniales mayas.


Espero que si viajáis a México tengáis la oportunidad de visitar Chichén Itzá. Las largas colas, las esperas o el precio de la entrada no son excusa, al final se van a ver recompensados :)
(c) 2012 De Asia a Latinoamerica
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